LA SENSACIÓN DE PRESENCIA Y OTRAS FORMAS DE EXPERIENCIAS ANÓMALO/ALUCINATORIAS

LO OMINOSO NUMINOSO:
LA SENSACIÓN DE PRESENCIA Y OTRAS FORMAS DE EXPERIENCIAS ANÓMALO/ALUCINATORIAS

J. Allan Cheyne**
Department of Psychology
University of Waterloo
200 University Avenue
Waterloo, ON N2L 3G1
Canada


Casi todos hemos tenido, en algún momento, la experiencia de sentir que no estábamos solos, a pesar del conocimiento certero de que no había nadie realmente cerca. Esta sensación puede ir desde una vaga e injustificada sensación a una certeza absoluta. Normalmente asociamos tales sensaciones con la oscuridad, ambientes extraños y -por supuesto- la sensación de sentirnos aislados de los demás (James, 1958; Suedfeld, 1987; Zusne y Jones, 1982). Podemos experimentar la sensación de presencia, por ejemplo, caminando solos en una calle oscura, o por un bosque, o incluso en casa estando solos, sobre todo en una "noche tormentosa" llena de susurros y ruidos vagos, viento, y sonidos de animales distantes. Los sitios conocidos pueden convertirse en sitios propensos para este tipo de experiencias (Reed, 1988; Suedfeld,1987; Suedfeld y Mocellin, 1987).

En un reciente trabajo, algunos análisis cuantitativos han evidenciado que la sensación de presencia es una concomitante común de la parálisis del sueño, que está particularmente asociada con alucinaciones visuales, auditivas y táctiles, así como un miedo intenso (Cheyne, Rueffer y Newby-Clark 1999). La parálisis del sueño es un estado consciente de inmovilidad involuntaria que ocurre antes de dormirse o inmediatamente al despertar. Un episodio puede durar desde unos segundos a varios minutos. Aunque los individuos en este estado son incapaces de hacer movimientos corporales, pueden abrir sus ojos y percibir eventos externos (Hishikawa, 1976). Otros estudios sugieren que aproximadamente el 30% de los adultos jóvenes tuvieron alguna experiencia de parálisis de sueño (Cheyne, Newby-Clark y Rueffer, 1999 Fukuda, 1998; Spans et al., 1995). Más allá de combinaciones de experiencias sensoriales con guiones particulares detallados y complejos, se han identificado como fuentes experienciales de relatos los ataques de incubos, posesión demoníaca, una bruja que ataca y, más recientemente, abducciones extraterrestres (Baker, 1990 1992; Cheyne, Rueffer y Newby-Clark, 1999; Firestone, 1985; Hufford, 1982; Ness, 1978; Spans et al., 1993). Estas típicas experiencias son realmente aterradoras y son los referentes originales del término nightmare (pesadilla) (Liddon, 1967; Hufford, 1982).

La investigación cualitativa que presentamos aquí surge de los resultados de la encuesta del Centro Waterloo para el Estudio de Experiencias Inusuales del Sueño. Este instrumento incluye varios ítems que evalúan rasgos de parálisis del sueño y experiencias alucinoides asociadas. Los ítems están basados en una taxonomía desarrollada a través de una combinación de análisis cuantitativos y cualitativos de desgrabaciones recogidas en entrevistas verbales de los encuestados. Cada ítem en el estudio se responde mediante una frecuencia y una intensidad en la respuesta, además de un espacio en blanco después de cada ítem para describir por escrito la experiencia en palabras del encuestado.

Las experiencias alucinoides corresponden a tres factores extraídos de análisis factoriales exploratorios y confirmatorios (Cheyne, Rueffer y Newby-Clark, 1999). El primer factor (Intruso) consiste en la sensación de presencia y temor, así como alucinaciones visuales, auditivas y táctiles. Este factor se ha denominado asi porque las experiencias a menudo se interpretan como la presencia de un intruso en la habitación. El segundo factor (Incubus) consiste en una sensación de estar siendo tocado o presionado en alguna parte del cuerpo (la mayoría de las veces en el pecho), dificultades respiratorias (sensaciones de sofocación y ahogo), dolor e ideaciones de muerte. Este factor se nombró asi por el relato fantástico y tradicional de una criatura que se sienta en el pecho de un durmiente, interpretado como un ataque físico. Un tercer factor (Experiencia de Movimiento Ilusorio) consiste en sensaciones de flotar y volar, caer, experiencias fuera del cuerpo y otras sensaciones de movimiento. Este factor no está tan relacionado con los otros dos. Los análisis cuantitativos dieron un factor de estructura estable, replicable y coherente.

El análisis cualitativo está basado en aproximadamente 7000 páginas de texto escritas por la totalidad de encuestados. En algunos casos, los relatos de la muestra han estado sujetos a correcciones menores de ortografía y gramática, reunidos durante un periodo de cuatro años. El estudio se administró a 2,715 estudiantes iniciales de psicología, resultando 771 los casos de parálisis del sueño (502 mujeres, 269 varones) con una edad media de 19.13 (SD = 6.12). además, se ha puesto en la Web una serie de versiones electrónicas desde Agosto de 1997 hasta el presente (Cheyne, 1997-2001), arrojando 7,478 respuestas (4,943 mujeres, 2,565 varones) con una edad media de 29.67 (SD = 10.56). La proporción del sexo femenino respecto al masculino, fue de aproximadamente 2:1, consistente con varios amplios estudios de experiencias alucinoides en la población general (Bentall, 2000). Los resultados mostraron en general 6 experiencias tipicas, Sensación de presencia, presencia malignas y amenazantes, alucinaciones visuales, alucinaciones auditivas, alucinaciones táctiles y dificultades respiratorias.

Sensación de presencia. Siempre hay sensación de presencia durante la parálisis del sueño pero algunas veces el individuo no ve la presencia, aunque sabe que está allí. En menos de un cuarto de los casos, la presencia se describe como una impresión neutral o ligeramente aprehensiva, de algo externamente presente pero sin la experiencia de corroboración sensorial. Uno "siente" algo, aunque nunca lo ve. La presencia a veces se describe explícitamente como estando justo en el límite de la visión, detrás de uno o simplemente al lado ("Había un objeto negro en la esquina de mi cama, pero yo no podía mover mi cabeza para verlo, lo veía sólo desde la esquina de mi ojo"). Parece ser que si uno pudiera darse la vuelta, podría verlo, como una clara convicción de que la entidad es externa, y que su existencia es independiente del percipiente (esto indiscutiblemente es la manera en que lo experimenta el percipiente). Aunque a veces la presencia se siente como estando justo allí, las personas dicen que en algún momento se dan cuenta de su movimiento o acercamiento; subiendo los escalones, entrando en el cuarto, acercándose o subiéndose a la cama, o sienten el colchón hundiéndose como si la presencia se acostara. 

En casi la mitad de los casos, la presencia está mirando al sujeto, como si alguien a quien no pudieran ver estuviera allí. Frecuentemente los encuestados mencionan que son incapaces de especificar cómo lo saben. Se siente como si alguien estuviera mirándolo pero no sabe específicamente donde está. Aparte de ser muy desconcertante, esta indefinición debe contribuir a la interpretación sobrenatural de que la presencia proviene de otro mundo. En términos ligeramente más fuertes, otros describen la presencia como mirándolos fijamente, en lugar de meramente observar. 


Presencia amenazantes. Una de las asociaciones más fuertes y más consistentes es el miedo a darse cuenta de la presencia. La mayoría de los encuestados parece tener la intuición inmediata de la presencia de alguien o algo peligroso. Más del 60% indicó que la misma presencia se percibe como amenazante. Más explícitamente, la presencia normalmente se interpreta como un intento malévolo de posesión. Se siente como que algo amenazante está de pie al lado de la persona. Incluso un sentimiento de urgencia; se siente que está en grave peligro si no se despierta lo más pronto posible.

Dado el predominio de interpretaciones amenazantes y mal asociadas con la presencia, es sorprendente que la emoción predominante sea miedo o más bien, en palabras del percipiente, terror frío absoluto. Los encuestados son muy enfáticos sobre la naturaleza extrema de su miedo ("No puedo imaginarme nada que pueda causarme miedo más grande que ésto"). También pueden diferenciarse claramente estas experiencias de miedo y terror con la presencia con parálisis, muerte o sofocación (Rueffer y Cheyne, 2001). Aunque a veces puede atribuirse miedo a la posibilidad de daño físico, la mayoría reconoce que hay algo misterioso sobre el sentido de temor ("Es más un sentimiento de miedo. Aunque la presencia puede personificarse en la muerte, yo también he sentido una presencia pero nunca la he visto. [Era] como si la muerte estuviera respirando detrás mío". Lo más común simplemente, es un intenso sentimiento de mal indescriptible. La cosa más perturbadora que rodea a estos episodios de parálisis, es la sensación del maldad que me rodea"). Fuerzas sobrenaturales y demoníacas parecen estar amenazando con robar el alma del durmiente o entrar a su cuerpo.

Alucinaciones visuales. Las alucinaciones visuales son bastante inconstantes y van desde una vívida y detallada imaginería a algo cercano a una pseudo-alucinación. A las pseudo-alucinaciones les falta la substancialidad de los estímulos percibidos externamente, reconocidos como no verdaderos, o apareciendo en un espacio subjetivo interno en lugar de externamente (Bentall, 1990; Reed, 1988). Las alucinaciones visuales son claramente externas aunque tienen una calidad tal, como si la sensación de presencia fuera a volverse una visión. Aproximadamente un tercio de los encuestados notó que las imágenes son bastante vagas e indefinidas ("Una o dos veces creí que había visto algo... siluetas humanas, pero la imagen podría ser mi imaginación"). Como en el caso de la sensación de presencia, las imágenes visuales están casi fuera de la vista, en la periferia de la visión, o disimuladas por las sombras del ambiente ("Era una criatura fea y pequeña detrás de mí, que yo sólo podía ver desde la esquina de mis ojos. Era una figura oscura, o completamente negra o rodeada por sombras"). 

En episodios menos aterradores, las figuras pueden ser amigos, padres o compañeros, e incluso animales domésticos de la casa que podría esperarse que entren a la habitación por la noche. Unos pocos encuestados mencionaron que ven imágenes detalladas de objetos y "seres". Las figuras amenazantes más concretas entran en la categoría de la forma esterotipada de demonios, calaveras, esqueletos, perros fantasma feroces y menos frecuentemente, un "segador siniestro" que representa a la muerte.

Más de un tercio de los casos involucra alguna clase de ser humano o entidad humanoide. Tanto figuras masculinas como femeninas están vestidas de negro o, de vez en cuando, de blanco, y se describen como con rostros notablemente blancos, a veces descritos como las cabezas de la muerte. Dada la naturaleza amenazante de la sensación de presencia y de las imágenes visuales resultantes no es sorprendente que las alucinaciones visuales también puedan interpretarse como intrusos convencionales ("Desperté al ver la figura de un hombre, todo de negro, al pie de mi cama. Intenté gritar fuerte, pero todo lo que yo podría hacer era gemir"). Hay también una considerable variabilidad en cuanto a la interpretación de las alucinaciones visuales ("He imaginado a ladrones, violadores, terroristas, monstruos, demonios, y al diablo todos en mi cuarto. A veces apenas me miran fijamente o se ríen de mí mientras me siento vulnerable y algunos de ellos intentan atacarme").

Alucinaciones auditivas. Las alucinaciones auditivas durante las parálisis del sueño son sumamente diversas. Los sonidos son experimentados como externos al percipiente en lugar de en la cabeza (en su interior). Muchos de los sonidos son muy elementales, como zumbidos, ruidos, rumores, siseos, campanadas, rugidos, correteos, chillidos, rechinadas, vibraciones, gimoteos, y silbidos. Estos sonidos se describen como muy fuertes y mecánicos. Para esta primera categoría hay poca o ninguna elaboración interpretativa, y se describen en términos sensoriales básicos. Otra clase de descripción son sonidos más elementales, sólo que se identifican con máquinas o materiales que producen dichos sonidos, como teléfonos sonando, sirenas, aspiradoras, herramientas, motores eléctricos, golpe de puertas cerrando y vidrios rompiéndose, música difícil de identificar, a veces descrita como el sonido de una radio mal sintonizada, o que recibe varias estaciones. Otros sonidos posibles son medioambientales, por ejemplo sonido del viento o un rugido, como el de las olas del mar rompiendo contra las rocas.

Symons (1995), siguiendo a Seligman y Yellen (1987), distingue entre la imaginería auditiva alucinatoria y no-alucinatoria (evocaciones de espíritus). Symons dice que, en sueños, se oyen voces extrañas, como sonidos externos, las conversaciones son experimentadas dentro de la cabeza como un diálogo interior, o conversaciones en sueños, sin pronunciar palabra. La mayoría de nosotros alguna vez ha soñado con hablarle a alguien, o sólo estar conversando, pero sin que nuestro interlocutor hubiera proferido una sola palabra. En contraste con estas observaciones, respecto a las voces en los sueños, las voces en las parálisis del sueño se experimentan como sonidos producidos externamente pero de significado indefinido o sin sentido. De hecho, las voces humanas son la alucinación auditiva más común asociada con la parálisis de sueño (36% de encuestados). Las voces pueden experimentarse como un griterío ruidoso o un susurrar suave pero, en cualquier caso, el sentido de lo que está diciéndose no es totalmente claro. En un caso, una persona oyó la voz de alguien que realmente la había amenazado. "Al principio pensé que erasólo mi imaginación, pero después reconocí la voz como la de un ser misterioso." Aquí podemos ver un ejemplo de alguien que considera interpretaciones explícitamente alternativas, y establece quizás lo más creíble dado el contexto de la sensación de presencia, el miedo y una experiencia amenazante. 

Alucinaciones táctiles. Son una experiencia alucinatoria común asociada con la característica de "Intruso". Consistente con esta asociación, las experiencias táctiles están típicamente asociadas con un sentido de acción externa en el 34% de los casos, por ejemplo, la sensación de ser tomado por las manos y las muñecas es particularmente común.

Dificultades respiratorias. Las personas frecuentemente hablan de dificultades respiratorias en la parálisis del sueño. Se asocian con sensaciones de presión en el pecho, estrechez alrededor del cuello, y sensaciones de sofocación. Las percepciones de dificultad respiratoria probablemente se producen como consecuencia directa de la parálisis de los músculos voluntarios (Cheyne, Rueffer & Newby-Clark, 1999). Aunque la respiración superficial automática continúa, cuando el durmiente intenta -sin éxito- respirar voluntariamente, pero esto puede llevarlo a un estado de pánico por una posible sofocación. Los sentimientos de sofocación también pueden ser inducidos por hipoxia asociada al estado REM y a la hipercapnia (Douglas, 1994). Esta incapacidad de conseguir aliento, lleva al individuo al sentimiento de pánico por la posibilidad de morir por asfixia. Los encuestados sienten como si la almohada estuviera apretándole la cara. Los ataques también pueden asociarse directamente con la sensación de presencia. 

Conclusiones 

Durante la parálisis del sueño, la sensación de presencia es el componente experiencial de un mecanismo de detección de amenaza que permiten encontrar e identificar la fuentes de la amenaza. La naturaleza de las interpretaciones resultantes induce a una conexión potencial con los mecanismos de las respuestas iniciales subyacentes a la amenaza de predación. La sensación de presencia se describe como un monitoreo, semejante a un predador que se acerca furtivamente a su presa. Frecuentemente se atribuye a la presencia una intencionalidad amenazante o maligna. Los encuestados temen expresar la intensidad y profundidad del terror que acompaña a estas experiencias. Además, las sensaciones corporales de aplastamiento y opresión en el pecho, espalda, y cuello pueden interpretarse como un ataque completo y potencialmente mortal de la presencia. Estas experiencias imitan respuestas de predación particularmente asociadas con la inmovilidad tónica (Ratner, 1975). La inmovilidad tónica se refiere a un estado de parálisis de los músculos motores mayores acompañado con respuestas fisiológicas de miedo e hipervigilancia y esto parece activar la neurofisiología fundamental de la propia parálisis del sueño (Gallup & Maser, 1977).

La hipótesis de nuestra investigación es que la sensación de presencia y las alucinaciones relacionadas ocurren en estados de hipervigilancia extrema, estados defensivos ocasionados por activación paroxística de varios centros en el sistema límbico, fundamentalmente la amígdala, el periaquaductal gris, el cingulate anterior, y el núcleo basalis de Meynert en la substantia innominata. En estos estados los organismos están extremadamente alertas a los eventos del medio ambiente potencialmente asociados con el peligro. Estos estados normalmente producen respuestas corporales diversas, incluso la actividad motora y la simpática, así como numerosas regiones motoras y sensoriales de la corteza. En el caso de la activación endógena, el sentido de amenaza no se corrobora de manera inmediata, y el miedo mismo tiene una cualidad de numinoso. Muchos encuestados explícitamente afirman que el miedo es bastante diferente de cualquier otro temor del mundo real que hayan experimentado alguna vez. Es probable que las tales experiencias también puedan ser evocadas por condiciones del entorno raras o extremas que involucran amenaza o peligro, o aquéllas que imitan dichas condiciones: suspensión sensorial, aislamiento (que muchos exploradores a veces experimentan), y las condiciones de amenaza a la vida -incluyendo las experiencias cercanas a la muerte (Saver & Rabin, 1997; Suedfeld, 1987; Zusne & Jones, 1982). 

Las apariciones de mostruos, bestias míticas y seres sobrenaturales parecen estar inspirados -en parte- en experiencias alucinatorias noctunas.


Las alucinaciones auditivas más básicas están relacionadas con la activación cuasi-azarosa de los centros auditivos, que pueden considerarse verse como análogos a las imágenes visuales que aparecen como vagas e indistinguibles. Es fácil de imaginar como el ruido blanco, sonios que se pueden interpretar vagamente, cuchicheos desde atrás y charla incoherente e ininteligible. Las exclamaciones alucinadas, incluso las amenazas y advertencias directamente asociadas con la sensación de una presencia extraña, evocan a las alucinaciones esquizofrénicas clásicas. Normalmente se sostiene que las alucinaciones auditivas de los esquizofrénicos son fundamentalmente una transformación de los propios pensamientos en otras voces (Bentall, 2000).

Hay al menos dos dimensiones en esta transformación; la primera va desde los pensamientos en palabras o voces audibles hasta palabras o pensamientos autogenerados. Una forma de alucinación es la pérdida de la representación del discurso interno, que el individuo describe como "control del pensamiento", pero que el sentido del pensamiento, o la conversación interior, se mantiene. Dado el deterioro general en la coherencia asociada con otros aspectos de la esquizofrenia, los significados pueden más bien fragmentarse y desencajarse. La segunda forma de alucinación es la de las voces audibles explícitas (y a veces otras dificultades específicas relacionadas con los sonidos). Estas son de origen más periférico y están asociadas con una activación del oído interno, las áreas corticales primarias o sensoriales, o con ruidos inespecíficos del entorno que se malinterpretan. Las alucinaciones auditivas durante la parálisis del sueño parecen compartir algunos rasgos de las alucinaciones auditivas de los esquizofrénicos, a saber la concreción y la pérdida del sentido.

Curiosamente las alucinaciones verbales parecen más sensuales que las de los sueños. Symons (1995) sostiene que es esencial que los sueños no tengan demasiado realismo porque la imaginería de nuestros sueños no es fenomenológicamente antagónica con la entrada sensorial. Si esto ocurriese, cualquier señal auditiva externa de peligro no nos despertaría o, recíprocamente, no nos despertaríamos continuamente por nuestra imaginería onírica. En otras palabras, este mecanismo permite distinguir el estado de despertar de la fantasía onírica, que de otro modo desintegraría nuestra percepción de realidad externa e interna. Desde el punto de vista evolutivo, la imaginería auditiva del sueño debe ser distinta a la auditción sensorial normal porque la audición es una modalidad particularmente importante para detectar un potencial peligro en la oscuridad de noche. Usando los términos de Flanagan (1992), la sensibilidad del percipiente iguala a la sensibilidad informativa. Además, a pesar de la fenomenología obligada de las alucinaciones hipnagógicas, las personas pueden despertarse fácilmente del estado de parálisis del sueño por entradas externas táctiles y auditivas (Hishikawa, 1976). Al menos en el caso de parálisis de sueño, la intensidad fenomenológica de las alucinaciones generadas internamente no deben interferir con la información y la efectividad de las entradas externas (Clark, 1997; Bruner, 1986; Epstein, 1994).

Por supuesto, cuando uno es particularmente "exitoso" al crear imágenes aterradoras, corroborando así la sensación de amenaza, el miedo se mantendrá o irá en aumento. De modo tal que la hipótesis del sistema de vigilancia hace pensar en una clara regeneración recíproca entre el afecto y la imaginería. Más allá de simplemente reforzar o refrescar la intensidad del miedo, la imaginería alucinoide y la calidad de la experiencia emocional también puede cambiar. El terror puede cambiar a sentimientos de excitación, alegría, subyugación, rapto o éxtasis. Un pequeño número de encuestados reconocieron tener miedo, sobre todo durante los episodios iniciales, y luego terminan disfrutando de la experiencia. Esto parece bastante común entre individuos que practican meditación. En algunos casos, también pueden experimentar un sentimiento que los distrae de su meditación.

La experiencia del demonio "incubo", un ser que ataca por la noche, es una experiencia alucinatoria bastante frecuente y aterradora.


Es interesante que a pesar de los aspectos amenazantes, abrumadores y espantosos del sentido de presencia y de sus elaboraciones, los pensamientos de muerte están fuertemente asociados no con la sensación de presencia o con otras alucinaciones, sino con las experiencias del incubusde presión en el pecho, dificultades respiratorias y sensaciones de ahogo. Estas últimas experiencias son todas señales de ataque y de una posibilidad inmediata de muerte. El miedo y el terror asociados con la sensación de presencia y otras alucinaciones no son tanto miedo a la muerte, sino un miedo inefable de un poder desconocido. Aunque hay -por supuesto- más espiritualidad humana que miedo. El aspecto terrible y más imponente de lo espiritual se presenta bajo la forma más primordial y conmovedora, por ejemplo en las situaciones que imitan desafíos biológicos básicos y amenazas. La espiritualidad, en esta apreciación, no tiene sus raíces en nuestro funcionamiento cerebral intelectual (aunque puede alcanzar su expresión más alta a través de éstos) sino en la debilidad y precariedad de nuestros selfs corporales. 


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