Vivimos en el pasado : EL MUNDO DE LAS PERCEPCIONES

Los trabajos de de Ranulfo Romo sobre los códigos neuronales de la percepción, la memoria y la decisión están resultando decisivos en la neurobiología actual. Hoy nos habla de un gran enigma aún por descifrar: cómo es la relación entre la actividad neuronal y nuestros sentidos.

 

Eduard Punset:

Ramulfo, se te recordará por muchas cosas. Una que a mí me fascina es que, después de haber pasado años investigando con monos Rhesus, con personas y computadores, llegaste a la conclusión de que el mundo no existiría sin la memoria.

Ramulfo Romo:

Por supuesto. Y parece una conclusión muy lapidaria y contundente. Pero te voy a dar un ejemplo muy sencillo: los pacientes con la enfermedad de Alzheimer han perdido todos los circuitos cerebrales que tienen que ver con guardar la información de la experiencia a través de años y años. Son capaces aún de sentir cosas con las manos, de ver, de oír y de degustar, pero son incapaces de reconocer el entorno en el que están viviendo, de reconocer una pregunta o la cara de un familiar. En nuestro cerebro hay una maravilla de circuitos cerebrales que son capaces de guardar nuestra experiencia y que nos permite tener una identidad. Algo mucho más contundente es el hecho de que a través de la historia fuimos pasando la información -primero lo hicimos oralmente-, la guardamos en memoria y con eso podíamos hacer cosas. En nuestro cerebro traemos todo el pasado y sin el pasado no podemos saber lo que somos en este momento.

EP:

En realidad, cuando estamos hablando tú y yo, ¿estamos en el pasado?

RR:

Estamos en el pasado. De hecho, la pregunta que me hiciste originalmente se retrasó unas milésimas de segundo en mi cerebro para que yo la pudiera procesar. Y todas las respuestas que estoy emitiendo en este momento están en el pasado.

 

Punset y Romo en el laboratorio del científico. (Imagen: smartplanet)

EP:

¿Tu cerebro está echando mano de la memoria?

RR:

Sí, pero además todo es el pasado. Vivimos en el pasado. Lo que entendemos como el presente, no es otra cosa más que el pasado.

EP:

Cuando no hay memoria, cuando no hay precedentes archivados en la memoria, ¿quién la sustituye? ¿Es la imaginación?

RR:

Es la asociación. Una de las grandes virtudes que tiene nuestro cerebro afortunadamente es que puede generalizar. Puede ir más allá de lo que ha aprendido y ha guardado en la memoria. Nuestro cerebro es capaz de ir transformando estas experiencias y puede transformar también la información que aporta la realidad. Lo hace de tal manera que ya no sabes cuál es la realidad: si la que traes en el cerebro o la que te está entrando a través de los órganos de los sentidos.

No podemos prestar atención siempre a lo mismo

EP:

Después de experimentar cuidadosamente con los monos Rhesus, dices que, a medida que prolongas el estímulo sensorial al mono, en la misma medida disminuye la intensidad de la descarga neuronal. En otras palabras, es como si el tiempo, la prolongación del estímulo, produjera una adaptación neural que, en un caso muy particular en el que estoy pensando ahora -la vida de una pareja- podría llevar al desafecto.

RR:

En nuestro trabajo de investigación, -ese ambiente frío y minimalista del laboratorio donde se ponen a prueba hipótesis de trabajo, donde los estímulos ya no son tan naturales y no ocurren como en nuestra vida diaria sino que son controlados por las computadoras- la fisiología sensorial nos enseña algo muy valioso: nosotros no podemos estar prestando atención a la información sensorial todo el rato por el resto de nuestros días. En algún momento, este proceso tiene que romperse. Y lo que hemos observado en el laboratorio es que la atención del observador que tenemos en el cerebro se enfoca en un periodo limitado del estímulo. Lo que hacen las neuronas es que en los primeros segundos prestan atención a esta información y van decayendo de a poco, ya no miran a esa información aunque el estímulo esté presente ahí. Esto nos indica que nuestro cerebro no puede estar mirando o escuchando permanentemente lo mismo. Lo que el cerebro hace es detectar transientes, cambios que son relevantes en nuestra vida. Es como cuando comemos: si es siempre el mismo sabor, queda poco interés en el platillo.

EP:

Y tampoco es posible sentir asco todo el rato.

RR:

O estar escuchando la misma explicación de un colega sin perder la atención. Las neuronas reflejan este mecanismo adaptativo que le permite a nuestro cerebro enfocar su atención en un instante de tiempo. En relación con la vida en general, yo creo que hay algo de eso también.

EP:

Hay algo.

RR:

Sin ser un consejero matrimonial ni ser el doctor amor, yo quiero imaginarme que las relaciones humanas se mantienen gracias a que hay un componente atractivo de cambios continuamente. No podemos mantener la misma estrategia siempre con el mismo individuo para mantener el interés. Tenemos que hacer variaciones del mismo tema. Es como cuando estás tocando alguna pieza: pues ahora hazle algunas modificaciones aquí para llamar la atención.

Los colores, una construcción del cerebro

EP:

Te voy a hablar de un tema que me ha fascinado durante muchos años, que he discutido con mis amigos artistas que tienen una fijación por los colores y te voy a decir de qué se trata. Si voy andando por la playa y me echan una pelota, en un instante sé del volumen de la pelota, a la velocidad a la que ha venido, de dónde me ha venido y la veo de un color. Y cuando hablo con vosotros, me decís “estos colores no están en la naturaleza”, están en tu cerebro. Y cuando yo hablo con mis amigos pintores y les digo que no están en la naturaleza… bueno, me correrían a palos. Hablemos un poco de la percepción de los colores.

RR:

Esto es fascinante. El tema que siempre me ha fascinado es la representación de la realidad del cerebro. Cuando yo le dije a un colega que la realidad estaba en el cerebro, puso el grito en el cielo y dijo “pero si ahí están las estrellas, eso es física y aquí están las piedras y aquí estamos sentados”. Estamos sentados y están las estrellas y estamos sintiendo todo gracias a nuestro cerebro porque la realidad está en el cerebro. Es una paradoja que la realidad esté en el cerebro y que también haya una realidad física. No hay duda de que el mundo existe: los mares y el cosmos están ahí. Pero con esta realidad que está en nuestro cerebro, hemos construido todo nuestro universo. Yo no sé cuál será el universo del mono o de la rata; de hecho, la rata no utiliza la modalidad visual ni auditiva, utiliza los bigotes para explorar el universo y por ello tiene una representación del universo basada en la información que entra por sus bigotes. Nosotros, los primates superiores, generamos una realidad basada en las propiedades limitadas que tienen nuestros órganos de los sentidos y que amplificamos a través del mecanismo de representaciones neurales. Pero no hay duda de que estas están en el cerebro.

Dando nombre a los colores:

(5 min 45 seg).

A lo largo de la historia, no todos los colores tenían nombre. Algunos de los que hoy nos parecen tan distintos como el verde y el rojo incluso recibían un mismo nombre. Y el gris, el marrón o el rosado son producto de nuestra mente porque el que ve, en realidad, es el cerebro.

EP:

Sí…

RR:

Yo puedo ver tu cara y su contorno en tres dimensiones, pero en realidad la entrada de información a mi aparato visual es plano, en dos dimensiones, y mi cerebro se encarga de ponerlo en tercera dimensión y de darte la forma. La textura como tal tampoco existe: es una abstracción, un agregado que le pone el cerebro así como también el color. El color que creemos que tienen los objetos es una construcción central de nuestro cerebro que después proyectamos hacia fuera. El cerebro interno se vuelve exocerebro mandando proyecciones hacia fuera. Yo puedo evocarte sensaciones activando artificialmente ciertas zonas internas de tu cerebro, pero las expresiones subjetivas de esas sensaciones y de esas percepciones son hacia fuera. Entonces no me extraña que lo que defiende el pintor es el color de los objetos. Pero esos colores tan interesantes que está plasmando son proyecciones del cerebro.

EP:

Para complicar más las cosas aún, con esta historia de los colores, resulta que habéis identificado la proteína en la retina que permite ver tres colores y no más: el azul, el rojo, y el verde, y con eso nos las apañamos. ¿Esto es corecto?

RR:

Sí. Esto es un descubrimiento muy bonito realizado por unos colegas de la universidad John Hopkins ya hace unos quince años aproximadamente y que indica algo fundamental: no todo es neuronal, no todo es cerebro.

EP:

Claro.

RR:

Nuestros órganos sensores son un aparato preneuronal que transducen energías. En el caso de la visión de los colores, la energía luminosa es absorbida por estas proteínas que son las que codifican la longitud de onda. Estas proteínas la absorben, la codifican y luego se la pasan a las neuronas que están en la retina. Y lo que transmiten al cerebro esas neuronas -y eso es verdaderamente lo sorprendente- son unas chispitas eléctricas que van por los circuitos cerebrales hasta llegar a lo que se conoce como la corteza visual, que está en la parte de atrás de nuestro cráneo. En esa zona se forma un mapa espacial -porque tenemos que localizar algo en el espacio- y además, lo que está en ese mapita, lo que está asociado con esas proteínas puede estar codificado en el circuito en forma de colores.

 

El cerebro construye la realidad, pero no todo es neuronal,
explica Romo. (Imagen: Smartplanet)

EP:

Tres colores.

RR:

Pero además el cerebro se encarga posteriormente de hacer combinaciones. Estas combinaciones no son de tipo categórico sino que son una especie de continuo que permite el llenar esos picos que son estas longitudes de onda. Y esto es una verdadera maravilla porque sucede en el circuito cerebral, en nuestra corteza visual.

EP:

Y mi perra no tiene esto…

RR:

Algunos animales no tienen esta capacidad porque no tienen la proteína que absorbe estas longitudes de onda ni tampoco este ni circuito neural que genera estos colores.

El sabor de las cosas

EP:

Vamos a por el penúltimo: el sabor de las cosas. Tú y otros escritores habéis rememorado su vida de niños y decís “es que recuerdo el sabor, el olor” y venís los neurólogos y me decís que las células gustativas son mediocres, no se renuevan fácilmente y se mueren. El secreto está en las olfativas. Es gracias al olfato que recuerdas el sabor de las cosas. El olfato es fantástico, las células gusativas no tanto.

RR:

El aparato preneuronal al que nos referíamos al hablar de la percepción de los colores es fundamental para lo que hace nuestro cerebro, porque lo único que recibe nuestro cerebro son chispitas eléctricas que vienen de cada una de las modalidades sensoriales. En el caso del sistema olfativo, se descubrió una familia de proteínas que están en la mucosa nasal. Esas proteínas son receptoras de ciertos componentes químicos -los olores que se le pegan- y están conectadas a las fibras eléctricas que las llevan en forma de chispitas al cerebro y donde generan mapas de representación odorífica. Lo fantástico de esto es que ¿cómo es posible que el olor que experimentaste hace treinta años con algún platillo exquisito que preparó la abuela, lo puedas asociar con sentimientos, con afectos, pero además con espacios visuales, acústicos?

El olfato como herramienta de trabajo:

 

(4 min 35 seg).

Confrontados diariamente con intensos olores desde la cocina, el hospital y el cuartel de bomberos, tres profesionales nos cuentan sus particulares experiencias olfativas.

EP:

Es increíble.

RR:

Lo que pasa es que esta información que entra a través del olfato va a la parte más vieja del cerebro que tiene que ver con la información en general, que a través de la evolución filogenética de los organismos ha permitido guardar las memorias. Es por eso que los perros, los gatos o las ratas tienen una memoria mucho mejor que la nuestra. En nuestro caso lo podemos recrear de una manera más linda con aspectos emotivos. Estos circuitos están conectados prácticamente con todo, y es por eso que nos permite hacer asociaciones auditivas, visuales y afectivas con el olfato. Es una maravilla.

EP:

Llevas unos treinta años trabajando sobre la neurología de la percepción. Después de ese tiempo, ¿crees que podrías dedicar otros treinta años profundizando en eso, o ya estás al borde de saberlo casi todo?

RR:

Yo creo que una de las cosas que el ser humano debe entender es que jamás podrá entenderse a sí mismo porque es el cerebro tratando de entenderse. Así como hemos discutido a lo largo de esta charla que el cerebro nos engaña, el cerebro también nos puede generar una ilusión de que estamos en vías de poder entenderlo. Pero pienso que es una trampa, y esa trampa es muy bella porque creo que nos va a mantener activos por la ilusión de que hay algo que podemos entender. Yo pienso que estoy muy lejos, aunque yo creo que una de las funciones que algún día vamos a entender muy bien es la percepción. Y creo que estamos muy cercanos de entender cómo vemos, cómo miramos, cómo oímos, cómo escuchamos, y cómo sentimos, cómo elaboramos nuestras percepciones, cómo hacemos asociaciones entre todas estas cosas. Prácticamente ya entendemos la biofísica y la neurobiología de estos procesos. Lo que no entendemos todavía es la parte subjetiva de nuestras percepciones, cómo emana nuestra subjetivad -que yo creo que es la parte más atractiva del ser humano-. En los próximos años, creo que vamos a enfocar este aspecto subjetivo del individuo y de hecho es una de mis grandes pasiones. No sé hasta dónde se puede llegar, pero es como un marinero que se lanza al mar. ¿Qué tal si descubrimos América otra vez?

Autor: Eduard Punset 5 octubre 2008


BUENOS HUMOS

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